El Demonio con botas (El último exorcismo 2010)

 El último exorcismo, una cinta para recuperar la fe en este genero. Su director, Daniel Stamm, acudió a presentarla a Sitges tras haberla convertido en una de las películas más rentables del año pasado: costó dos millones de dólares y recaudó, solo en EE UU, cuarenta. “Me resulta más sugestivo abordar este tema que el vampirismo, los zombis o la licantropía”, dice sin perder la sonrisa. “En todos esos casos, el enemigo es externo: puedes encontrar formas de acabar con él físicamente y la amenaza desaparece. Hasta hace poco es posible que funcionara distinguir claramente el bien del mal, pero ahora la idea del mal es mucho más vaga. Es algo que está entre nosotros, convive de una manera normalizada. La prueba está en el aumento de la escalada terrorista que asola el planeta. La posesión demoniaca sirve de metáfora perfecta para el mundo actual: hay que emprender una lucha mucho más sofisticada para extraer el mal y no acabar con sus víctimas”.

Con la producción de Eli Roth (Hostel) y un estilo documental similar al de El proyecto de la bruja de Blair, Stamm presenta a un exorcista que ha perdido la fe. Junto a un equipo televisivo, aborda su última empresa en un pueblo perdido de la América profunda. “Está planteado como un combate de boxeo entre la ciencia y la religión. Para mí, en última instancia, es una exposición sobre el fanatismo y sus consecuencias. Es normal que la religión sirva de refugio a muchas personas en tiempos difíciles. Sin embargo, en la era del acceso a la información, la religión ha tenido que encontrar nuevas fórmulas para captar a sus seguidores. Ha aprendido de la cultura del eslogan: lanza mensajes rápidos y perfectamente digeribles”.